El proceso de acceder a un sitio web implica compartir información entre un usuario y un servidor, con el navegador y proveedores de internet como intermediarios. Es decir, una comunicación en la que, como todo a día de hoy, conviene encriptar la información sensible para garantizar la privacidad y seguridad del usuario.
Esto es algo que lleva estandarizándose en las últimas décadas, así ahora todo usuario aún sin saberlo está usando protocolos como DNS, TLS y ECH. Este último ha sido la razón para numerosos problemas para navegar por internet desde España, debido a que afectó directamente a las medidas de la Liga Española de Fútbol para bloquear webs pirata. Veamos por partes como funciona internet.
Cómo se accede a una web
El acceso a una página web es un proceso de comunicación entre un cliente (un navegador como puede ser Chrome) y un servidor donde se almacenan los contenidos como imagen y texto. Es una solicitud HTTP (Hypertext Transfer Protocol) que marca las siglas que hay delante de toda URL en la red moderna.

El resto de la URL es el dominio, un nombre legible que sería como una dirección postal, un nombre único y que dirige a los contenidos correspondientes. Ese dominio corresponde a un servidor concreto que a su vez tiene una dirección, pero en una etiqueta numérica, una dirección IP. Escribir un dominio en el navegador implica enviar una petición al servidor a través de la infraestructura de internet, con muchos intermediarios de por medio como pueden ser los proveedores de internet (Movistar, Orange, Vodafone, etc.).
Cuando el servidor recibe la solicitud, procesa la petición y devuelve una respuesta con todo el contenido multimedia del sitio web, por la misma vía en que llegó. Todo este intercambio suele completarse en fracciones de segundo y se encuentra regulado por protocolos estandarizados que garantizan la interoperabilidad y la seguridad de ambas partes.
Cómo se encriptan las peticiones
El proceso de comunicación entre cliente y servidor no es especialmente seguro de por sí, necesita de protocolos a mayores en distintos puntos. La mayoría de las comunicaciones web utilizan HTTPS, el mismo protocolo que mencionamos antes, pero incorporando una capa de seguridad basada en el protocolo TLS (Transport Layer Security).
Antes de intercambiar información, cliente y servidor establecen una negociación criptográfica. Durante esta fase se verifica la identidad del servidor a través de certificados digitales y se acuerdan las claves que permitirán cifrar la comunicación. Estas claves sólo las conocen el servidor y el cliente que pide acceso, de manera que cualquier entidad en el medio desconoce la mayoría de datos.

Sin embargo, durante años existió una excepción relevante. En el primer envío de información sin encriptar, aparece en texto plano el dominio al que se quiere acceder, mediante la extensión SNI (Server Name Indication). Esto permitía a proveedores de internet conocer las webs a las que accede un usuario.
La introducción de ECH (Encrypted Client Hello) ha corregido esta limitación cifrando la información que se comparte en las fases iniciales del proceso. Ante esta integración la medida aplicada fue el bloqueo masivo de IPs por parte de LaLiga Española de Fútbol. Es decir, cortar el acceso a servidores completos, que almacenan tanto webs pirata como otros muchos sitios de empresas y particulares.
Esta es una medida drástica, que aún queda pendiente de tener una resolución justa para todas las webs afectadas. A pesar de las declaraciones que se puedan escuchar, lo cierto es que ECH es un protocolo necesario para navegar por internet de manera segura. Este es un ejemplo de medidas antipiratería que se exceden en su aplicación.







